Apuntes sociológicos I: El turista y las palabras

La palabra turista es anterior a la palabra turismo. Esto demuestra, tanto en los hechos como en las mentes, la preexistencia del sujeto con respecto al fenómeno.
Turista entra en la lengua francesa en 1816, mientras que turismo no lo hará hasta 1841, es decir, tres años después de la Mémoires d’un touriste de Stendhal.
Localizamos la aparición de tourist en inglés (que viene del francés tour) alrededor de 1800, pero parece ser que ya hay algún indicio en 1792, en un relato de viajes de John Byng: “Y ahora, he aquí una enorme fábrica resplandeciente. Ha arruinado todo el valle...Como turista, abomino estas máquinas que han invadido todos los valles bucólicos y destruido el curso de la naturaleza y su belleza”.
La palabra vacaciones, en un sentido cercano al que tiene hoy, es anterior a la de turista. Habrá entonces que distinguir netamente la actividad turística de la actividad vacacional.
La primera es una subcategoría histórica de la segunda. En contra del uso que tiende a convertir estos dos términos en sinónimos, puedo estar de vacaciones (¡expresión que no aparece hasta 1956!) sin ser turista, una distinción que los expertos de la OMT deberían tener en consideración. En el diccionario Richelet de 1680, se encuentra en la palabra vacaciones: “Tiempo durante el que no se va a clase”.
Otra confusión se ha establecido entre turismo y veraneo (villégiature, en francés). Introducida en la lengua francesa en 1761, veraneo (villégiature: del italiano villegiatura, de villegiare, que viene de villa) significa, según el diccionario de Bloch y Wartburg, “ir al campo”.
Aparecida a finales del siglo XIX, veranear no remite a la idea de desplazamiento turístico sino a la idea de retiro, reposo y cura. Bajo este punto de vista, Suiza es un país de veraneo en cuanto desarrolla (finales del XIX – principios del XX) una industria del ocio sanitario para combatir la tuberculosis. Hans Castrop, héroe de la novela, La montaña mágica, no hace turismo en el sanatorio de Daros; hablar aquí de “turismo sanitario”, sería un error. Los textos de la época prefieren justamente hablar de veraneo.
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El idiota que viaja, Jean-Didier Urbain (1993)

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